Querido hijo: Tenemos mucha suerte.

 

Segundo hijo

 

Querido hijo:

Te escribo estas líneas para explicarte la suerte que tenemos, esa suerte que tenemos que aprovechar y por la que tenemos que dar gracias. Esa suerte que no todos tienen y a la que le debemos tanto. Hijo mío, lee con atención estas palabras que te dejo aquí y no olvides nunca que no todos tienen tanta suerte como nosotros.

Querido hijo:

Cada día te miro y me doy cuenta de la suerte que tengo de tenerte, de la suerte que tengo porque naciste sano y de la suerte que tenemos ambos de haber nacido donde hemos nacido.

Las redes sociales nos permite saber mucho de la vida de los demás y también de lo que pasa en cada lugar del mundo. Cuando entro en facebook y veo en la Asociación aquellos niños con cáncer o con enfermedades raras, se me viene el mundo encima. Tenemos que dar gracias porque tu viniste sano. Esos niños y sus familias sufren cada día un sin fin de pruebas médicas e incluso, la pérdida de sus pequeños. Me mata ver cómo en ocasiones se publica la marcha de uno de esos pequeños. Después de tanta lucha, de tanto sufrimiento ¡Es tan injusto! Y entonces me doy cuenta de la suerte que tenemos muchas madres porque nuestros hijos vinieron sanos a este mundo. Suerte porque no tenemos que estar pasando por lo que muchas familias padecen día a día y las cuales necesitan toda nuestra ayuda. Estoy convencida, hijo mío, de que es suerte y no un milagro, porque no creo en divinidades y no creo que Dios hiciera mal alguno a un ser humano si existiera. Así que hijo, tenemos mucha suerte porque tu viniste totalmente sano.

Querido hijo:

Ayer televisaron un programa sobre las personas que están escapando de la guerra y la gente que va a ayudar para que no se ahoguen. Hombres y mujeres que de manera voluntaria ayudan a esas personas PRO ACTIVA OPEN ARMS. Cada día son miles las personas que llegan desesperadas y quieren salvar a sus familias de la muerte. Veo en internet y en la televisión imágenes de niños fallecidos a causa de la metralla y el alma se me va a los pies. No logro comprender porque a unos seres tan indefensos se les arrebata la vida. Te miro a ti y veo la suerte que tenemos, la suerte por estar en un país en el tiene sus más y sus menos (como todos) pero en el que no hay bombas de las que escapar. Cuando, viendo aquel programa, un señor comentó “los niños están todos muertos, las olas eran muy grandes”, no pude hacer otra cosa que llorar y pensar en ti. Y es que hijo mío, los padres somos capaces de cualquier cosa por poner a salvo a nuestros hijos, aunque ello conlleve poner sus vidas en peligro durante un período de tiempo. No te imaginas el dolor que sentí cuando vi en aquellas barcazas llenas a esos pobres bebés y niños, empapados y muertos de frío y miedo. No hago más que preguntarme qué culpa tendrán ellos de lo que pasa y cómo nuestros gobiernos permiten que los niños pasen por esto. Hijo mío, seguramente tu ahora no lo vas a entender, pero tenemos mucha suerte de estar en nuestra casa calentitos y de poder disfrutar de nuestras cosas e incluso de nosotros mismos con tranquilidad, sin que nadie venga a matarnos.

Querido hijo:

Tenemos mucha suerte, porque incluso en nuestro País mucha gente tiene falta de cosas que, al fin y al cabo, es falta de derechos. Desde que esta crisis económica empezó, muchos niños llevan años sin estrenar una camiseta, muchos mayores buscan comida en la basura y muchas personas buscan un refugio donde poder pasar las noches. Tenemos mucha suerte hijo, de poder tener una casa donde poder resguardarnos del frío, donde poder sentarse y dormir. Tenemos suerte de poder tener comida para llevarnos a la boca, de poder comprar juguetes para que disfrutes y que puedas estrenar tu ropa. Tu padre dice que no es suerte, si no esfuerzo, pero yo creo que en ocasiones la suerte tiene mucho que ver con la vida que llevamos y si no que se lo digan a aquellas personas que lo perdieron todo por la crisis o que nacieron en la más absoluta pobreza. ¡Hasta para nacer hay que tener suerte hijo mío!

Querido hijo:

Te estás criando en una casa llena de amor, en la que te estamos enseñando a compartir y a ayudar a las personas y a los animales. En la que te enseñamos que el amor hacia los demás es importante y que siempre hay que respetar, sin importar raza, ideología o sexo. Hijo, tenemos mucha suerte de estar en un país en el que el respeto a los demás cada día es más fuerte (con sus excepciones claro está) y en el que se nos permite hacer grandes cosas. No olvides hijo mío que toda esa suerte que nosotros tenemos, hay que compartirla con aquellos que no la tuvieron. No olvides hijo mío, que somos humanos y que el humano debe ayudar a todo aquel que lo necesite.
Se que vas a hacerme sentir la madre más orgullosa del planeta y se que todo lo que te enseñamos no va a caer en el olvido por tu parte. Comparte tu suerte amor mío y cuídala.

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