Los cólicos en el lactante y posibles tratamientos para evitarlos.

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Los cólicos en lactante son  muy normales y no debemos asustarnos por ello. Es muy molesto para el bebé y desespera a muchos padres por el llanto tan profundo. Estos llantos acostumbran a ser entre la tarde y la noche y en bebés sanos.  No hay ningún estudio que asegure al 100% que los cólicos son producidos por gases, simplemente aparecen durante el primer mes de vida y pueden durar hasta el tercer o cuarto mes. Después de este tiempo acostumbran a desaparecer por sí solos.

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El colecho.

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Cuando estaba embarazada, aprendí un sin fin de nuevos términos. Todo era nuevo para mi, entre ellos el colecho. No sabía que era ni los beneficios del colecho. Ahora que soy madre, puedo hablar sobre ello y aconsejar 100% que lo practiquéis.

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Hora de dormir.

Cuando yo estaba embarazada pensé en más de una ocasión donde dormiría mi hijo, si con nosotros o en su cuarto, si en su cuna o en nuestra cama. Nicolás es tan bueno que decidimos que durmiese en su habitación, en la mini cuna y así ha sido hasta ahora.

El otro día fuimos al pediatra y nos dijo que Nicolás debería dormir con nosotros por lo menos hasta que tuviera los seis meses, así que ahora tiene su cuna en nuestra habitación. Sigue sin dar guerra y duerme todas las noches del tirón. Como siempre digo, cada pediatra manda una cosa distinta, ya que otros nos dijeron que no pasaba nada si dormía en su habitación. Creo que lo mejor es el criterio de cada uno, ya que cada bebé es un mundo y cada uno necesita unos atenciones y cuidados.

Creo que durante una semana entera estuvo durmiendo con nosotros en la cama, ya que le costaba mucho dormir y hasta que no estaba con nosotros no se quedaba dormido, me imagino que estaría en su semana del crecimiento. Nosotros no utilizamos nada para evitar aplastarlo y os digo que al dormir, tenemos un instinto tremendo y nos quedamos toda la noche en la misma postura para no hacer daño al bebé. Por supuesto, siempre hay que tener mucho cuidado y más siendo tan pequeñitos.

El colecho es un tema que parece ser de gran debate en las redes sociales. Para quien no lo sepa, el colecho es la práctica por la cual el bebé duerme con sus progenitores (el próximo día haré un post sobre este tema). A mí, personalmente, no me parece para nada mal y me encanta tener a mi bebé conmigo en la cama cuando por ejemplo hago la siesta. Debéis tener cuidado a ciertas edades ya que se mueven demasiado y pueden caer. También existen unas cunas que a mí me gustan porque  las tienes pegadas a la cama y con una cremallera quitas el lateral y tienes a tu bebé pegado y cada uno en su cama. Para aquellos que tienen miedo de aplastar al bebé, venden una cosa que está muy bien y que recomiendo, es como un colchón elevado que puedes poner en medio de la cama, tiene los laterales elevados y de esta manera el bebé no podrá salir de él ni tu aplastarlo.

En cuanto a dejarlo en una cuna ya de adulto o en una mini cuna, yo he tenido las dos cosas, tanto la mini cuna como la cuna grande y de verdad que la mini cuna es un trasto más en casa. Ahora mismo existen un montón de cosas que puedes poner en una cuna grande para hacer que sea más pequeña. Sí que es verdad que al ser tan pequeñitos al principio, da mucha cosita verlos en una cuna tan enorme, pero si compráis un segundo colchón más pequeño, la cuna grande os servirá igual. Yo la mini cuna apenas la utilicé ya que Nico es muy largo, actualmente con dos meses y medio mide 61cm, y la mini cuna se le quedó corta.

Lo que sí aconsejo es poner en la cuna la chichonera. No sé vuestros peques pero el mío tiene mucha fuerza en las piernas y consigue ir hasta la parte de arriba de la cuna y se da con la cabeza. También recomiendo comprar un rulo para el recién nacido, lo pones en la espalda del bebé y así no se da la vuelta y se queda de lado, yo lo llevaba en el carrito también. La verdad que Nico enseguida empezó a tener mucha fuerza y a moverse, con lo que a mí me suponía un peligro porque le dejabas de lado y en un momento lo tenía boca arriba.
Los cojines en las cunas son un elemento decorativo precioso, pero por favor cuando el bebé esté durmiendo debéis quitarlos, si uno se le cae encima puede asfixiarlo.

También podéis comprar algún juguete para que esté entretenido en la cuna, yo por ejemplo le compré un carrusel con música y un proyector que llega al techo con formas y colores. Mi hijo empezó a seguir el carrusel cuando tenía dos meses de vida, luego cada bebé es un mundo y pueden empezar antes o incluso después. A mi hijo le encanta su carrusel y se queda muy tranquilo mirando a los muñecos que dan vueltas. La verdad que para la mamá es muy cómodo porque así puedes hacer cosas de la casa mientras él/ella está tranquilamente en la cuna.

Actualmente existen un montón de cunas o inventos que nos ayudan a tener a nuestros bebés más cerca de nosotras a la hora de dormir. Si no sabes que hacer, no te preocupes que cuando tengas a tu bebé y sepas como es, verás cual es la mejor opción.

Las visitas.

La llegada de un bebé al mundo es un motivo de alegría y celebración. Por norma general, todas las personas de tu entorno querrán conocer a tu peque e irán a visitarte. Muchas madres (me incluyo) se ponen muy nerviosas con las visitas y especialmente cuando alguien quiere coger al bebé. En estos casos yo os aconsejo que se lo hagáis saber a la persona que quiera coger al peque y explicar que no es el mejor momento. No dejéis que nadie haga algo que no queráis ya que eso sólo os va a dar estrés y nervios, cosa que es malísima para la madre.
Mi marido y yo hablamos de hacer unos cuadros de visitas en los que se pusieran unos horarios y unos días para la familia y amigos y así tener todo controlado. Nadie vino a casa sin llamar previamente y (excepto alguna visita pesada), la gente estaba un par de horas y se marchaba. Sinceramente, con una cesárea, los nervios, los dolores y unas hormonas alteradísimas, dos horas de visita es mucho tiempo.
Más de una mama embarazada me había avisado del estrés que suponían las visitas en casa y que si me podía quitar todas en el hospital mejor. Yo no lo entendía, pensaba que mejor que te visiten en casa, tú estás más cómoda y en un entorno en el que te manejas. ¡Hay amiga que razón! Enserio chicas, si podéis hacer que todo el mundo os visite en el hospital, mejor. La razón es muy sencilla, cuando la gente va al hospital les da más reparo quedarse mucho tiempo, te ven en la camilla hecha unos zorros y solo quieren estar un ratito, pero en casa parece como si milagrosamente tú te hubieras recuperado y hay gente que se queda más de 5 horas en tu casa.
En mi caso, yo era una mamá primeriza con mil miedos y con las hormonas por las nubes. Odiaba que cualquier persona (menos mi madre o mi marido) cogiera a mi bebé, no podía soportarlo y en más de una ocasión me tuve que ir de donde estaba por los nervios que tenía. Yo aún sigo con mis manías, no me gusta que la gente coja a mi hijo, ni que le hablen alto o que le traten de ciertas formas. Sé que la gente lo hace con su mejor intención y con todo el cariño del mundo, pero yo sigo con mis miedos y mis hormonas alteradas.
Hay que tomarse todo con mucha calma y sobretodo, hacer siempre lo que vosotras queráis. Nunca os calléis y si no queréis que nadie coja a vuestro bebé, que lo besen, que le hagan carantoñas ¡cualquier cosa! Decirlo, ser sinceras siempre, porque si no os pasará como a mí, que lo pasareis realmente mal y lo peor de todo es que vosotras os sentiréis fatal. Es vuestro bebé, vosotras marcáis los límites.
Otra cosa que a mí me ponía muy nerviosa eran los consejos. Absolutamente todo el mundo tendrá algo que decir y aconsejar y te insistirán mucho. Esto se hace así, coloca a tu bebé de esta forma, da el pecho así, no te come por esto y aquello y un largo etcétera. Muchos de los consejos que dan te servirán, pero otros tantísimos no. Eres madre y nadie mejor que una madre para saber lo que necesita su bebé, nunca dudes de ti misma y sobretodo ten presente que tienes que conocer a tu bebé. Yo ahora conozco perfectamente a mi hijo y sé que quiere según el llanto y el momento del llanto, eso no lo puede decir toda aquella persona que me dio miles de consejos en su momento.
La única persona que he confiado para mi hijo ha sido siempre mi madre. Ella se encarga mucho de él cuando lo necesito y no me agobia cuando lo coge y lo mima. Me imagino que es normal, tu madre te ha criado y lo ha hecho de una manera increíble ¿Por qué no lo iba a hacer con tú bebé? (Lo mismo que digo de una madre lo digo de un familiar, cada mujer confía en una persona).
También hay que decir que esta situación de nervios y estrés no le pasa a todas las mamás y que a muchas no les importa que otras personas cojan a sus bebés. A mí personalmente me pasa con personas con las que no tengo confianza o que no han sido madres y no han cogido un bebé nunca. Así que chicas, ser pacientes y decir siempre lo que pensáis al respecto, nunca os calléis algo por quedar bien, ya que eso te genera mucho estrés  que no calmarás hasta que tengas a tu bebé en brazos.

Llegada a casa después del hospital.

Después de unos días en el hospital y de que absolutamente todo el mundo te volviese loca  con sus consejos u opiniones (introducimos familia, médicos, enfermeras, matronas y pediatras), por fin vuelves a casa con tu bebé. Es un día especial y lleno de cambios, ya que pasas de un sitio donde estás con atenciones 24 horas, a un sitio donde estará tu pareja o un familiar.
Yo recuerdo ese día con cariño y temor. Llevaba unos 3 días en el hospital y la verdad que estaba cansada de que todo el mundo me diera consejos. Creo que lo peor fue cuando incluso médicos, enfermeras, matronas y pediatras se contradecían en sus consejos y que se pusieran a parir los unos a los otros. ¿Quién te dijo eso? ¡No tiene ni idea! Tú hazme caso a mí, que yo soy la que tiene la razón. ¡Madre mía que locura! Todo el mundo creía tener razón y para todo el mundo sus consejos y lecciones eran las válidas.
Cuando llegó el médico y la enfermera con el alta, yo sólo quería salir corriendo. Cogimos todo, lo cargamos en el coche y mi hermano nos llevó a casa. Creo que ahí fue cuando me di cuenta de que nuestra aventura empezaba y que ahora no teníamos un botón al que llamar en caso de que nos pasase alguna cosa.  
El llegar a casa, bajar los bártulos y entrar por la puerta fue un espectáculo. Mi madre se quiso ir enseguida para no molestarnos ni a mi marido ni a mí, pero la verdad es que me daba un poco de miedo quedarnos solos. Pedí que se quedara y mi marido cortó jamón y pan para comer ¡Jamón! Creo que nunca me he tirado a un plato con tanta ansia, chupaba el jamón como si de una cabeza de gamba se tratase.
Fue un día de muchos nervios, yo me puse a dar el pecho a Nicolás y no había forma de que el peque se enganchase y el pobre no hacía más que llorar. En el hospital es muy fácil porque la enfermera te coge el pezón “de aquella manera” y se lo mete en la boca al bebé, todo solucionado. El problema viene cuando no hay enfermera que meta el pezón, que sinceramente, yo lo he intentado hacer como ellas y no me sale. Hay que ver como las ponemos a caldo por lo que les hacen a nuestros  hijos o por cómo nos tratan a nosotras y como las echamos en falta cuando no están, debe ser un amor odio. De todas formas, desde aquí quiero dar las gracias a todas las enfermeras que nos atendieron en el hospital, aunque fueran unas bordes, ya que me enseñaron muchas cosas.
Aquel día, mi marido no paró ni un segundo. Tuvo que ir a la farmacia a comprar un sacaleches porque Nicolás decidió que no se enganchaba ni a las buenas ni a las malas. Tuvo que soportar mi histeria a cada segundo por todo, limpiar al enano y mis llantos y risas (estas hormonas, hay que ver lo que juegan con nosotras). La verdad que mi marido ha aguantado mucho.
Te cuesta un poquito amoldarte a la casa y a estar con el peque. Con mi hijo todo fue muy fácil ya que es buenísimo y no se quejaba de nada, pero aun así, yo la primera noche que pasamos en casa no pude dormir nada. Al día siguiente de la primera noche, yo estaba muy cansada y mi marido se hizo cargo del peque hasta que quisiera su toma y tuviera que venir a despertarme.
Antes de que yo diera a luz, mi madre cortó las etiquetas de todos los bodis y lavó toda la ropa que Nicolás iba a utilizar. Yo abrí un paquete de pañales y los dejé colocados junto a la pomada para el cuelete (que no usaría hasta después del primer mes de vida de Nico), gasas y alguna toalla. Lo que no hicimos fue hervir chupetes ni biberones, así que nada más llegar fue lo primero que tuvimos que hacer, lo que nos trajo más caos a la casa.
Chicas, la llegada a casa del hospital es un momento muy feliz, pero sinceramente, es muy agobiante. Absolutamente todo es nuevo tanto para ti como para tu pareja ya que pasáis de ser dos a ser tres y de estar atentos del uno del otro a tener que dedicar el 100% al bebé.

Intentar respirar hondo y tranquilizaros todo lo que podáis. Si lo necesitáis, entrar en vuestra habitación, meter la cabeza en la almohada y gritar para liberar tensiones, pero sobretodo tener siempre en la cabeza que una mujer puede con todo y que esto te pasa solo los primeros días. Después disfrutaras de lo lindo tanto de tu bebé como de tu pareja. ¡Ánimo!

Pruebas del bebé en el hospital.

Con el nacimiento del bebé, vienen unas cuantas exploraciones y pruebas para ver que está todo bien. Estas pruebas acostumbran a poner nerviosa a la madre al escuchar llorar a su bebé. No se vosotras, pero a mí eso de que venga una desconocida y le haga llorar a mi hijo, me pone de los nervios.Algunas de estas pruebas se harán en tu presencia y en otras se llevarán a tu bebé a una sala contigua.
Una vez tu bebé ha nacido y en la misma sala de partos, le harán las siguientes pruebas:
·         Test de Apgar: se trata de un rápido pero exhaustivo examen físico del recién nacido que valora la necesidad de proporcionar cuidados médicos mayores de lo habituales.
·         Pinzamiento del cordón, con extracción de sangre para determinar el grupo sanguíneo y el factor RH.
·         Profilaxis de la conjuntivitis neonatal, mediante colirio o pomada antibiótica.
·         Administración de vitamina K, para prevenir trastornos de la coagulación del bebé.
Cuando tu bebé esté en la habitación contigo, se le harán las siguientes pruebas:
  • Prueba acústica: un test rápido y sencillo que permite diagnosticar hipoacusia o sordera en las fases más precoces.
  • Pruebas metabólicas, también llamadas ‘pruebas del talón’: por medio de una pequeña gota de sangre del talón del bebé se detectan enfermedades metabólicas, que son poco frecuentes, pero que se benefician de un mejor pronóstico si el diagnóstico es precoz.
La pediatra también moverá a tu bebé para ver que tal reacciona ante ciertos estímulos. Le tocará la cabeza, las manos, los pies y le pondrá de pie. También le moverá los brazos y las piernas, le mirará los ojos y en caso de ser chico le mirará los testículos.
En cuanto a las vacunas, en España es obligatorio poner al menos la primera dosis de la hepatitis B en bebés recién nacidos. No te marches del hospital sin el libro de vacunas del recién nacido y si te acuerdas, rellena la primera hoja con el peso de nacido, la altura y el peso de salida del hospital.
Es probable que a algún bebé le hicieran alguna prueba más, eso depende del hospital y del protocolo que sigan.
En cuanto a mi experiencia, para mí fue horrible que le tuvieran que hacer todo aquello. Me acuerdo que yo no me podía mover apenas porque me dolía absolutamente todo y allí venían las enfermeras y le hacían de todo a mi bebé, yo me sentía impotente al no poder protegerlo. Me acuerdo en especial un día que no le dejaron tranquilo y Nicolás no paraba de llorar (mi hijo no es nada llorón) y yo estaba tumbada en la cama sin poder ver lo que estaban haciendo. Me puse a toquetear el móvil para distraerme porque me estaba poniendo muy nerviosa, tanto que en un momento dado apreté el móvil con todas mis fuerzas y me hice incluso daño. La verdad que me entraron ganas de tirárselo a la cabeza a la enfermera.
Con la prueba de audición, la chica que vino al principio fue un poco borde y trataba a mi bebé de una manera que no me gustaba, era como si estuviera cogiendo un filete, sólo la faltaba cogerlo de una pierna como si de un pollo se tratase. Nico no paraba de llorar y tanto mi madre como yo empezamos a ponernos nerviosas, así que mi madre le dijo a la chica si quería que cogiéramos al peque para calmar el llanto y que pudiera hacer la prueba cuanto antes, ella nos dijo que no y a partir de ahí empezó a ser más simpática.
En ocasiones pienso que soy una madre sobre protectora, porque cuando alguien le toca y se pone a llorar (por su bien, porque son pruebas para ver que está perfecto), me entran ganas de coger a mi bebé, dar un guantazo a la enfermera e irme con mi hijo a casa. Claramente no lo haces, aunque es verdad que se te pasa por la cabeza. Y luego lo pienso de nuevo y me digo a mí misma que de sobre protectora no tengo nada y que es totalmente normal que esté así con mi pequeño, es mi príncipe y no quiero verlo sufrir.
Y vosotras ¿Qué tal llevasteis que hicieran aquellas pruebas, escuchar su llanto o que se llevaran a vuestro bebé a otra sala para hacer la prueba del talón?

Recuperación después del parto.

Cada mujer es única, y sus fuerzas o maneras de recuperarse varían mucho. Yo no puedo hablar de un parto natural, ya que como escribí ayer, fue una cesárea. Así que me encantaría que aquellas que han tenido un parto natural nos cuenten como fue su recuperación.
Una cesárea es una operación quirúrgica, así que normalmente necesitas más tiempo que un parto natural para recuperarte. Cuando pasaron menos de 24 horas de mi intervención, vinieron unas enfermeras a quitarme el catéter que llevaba y a levantarme de la cama. Nunca había llevado catéter y cuando me lo quitaron vi un poco las estrellas. Me dijeron que tenía que moverme para que mi cuerpo volviera a su ser lo antes posible. Bueno, todas sabemos que las enfermeras muy cuidadosas no es que sean y conmigo no iba a ser menos. Me cogieron entre dos, me metieron los brazos por debajo de las axilas y tiraron de mí hacia arriba. Pensé que la tripa se me habría por ocho sitios diferente ¡qué horror! sentí como si mi tripa se fuese al suelo. 
Tras levantarme y tener unos dolores terribles, me senté en la butaca que había en la habitación. Anduve como buenamente pude, ya que no era capaz de ponerme erguida y encima mis piernas y mis pies me pesaban un quintal. Tras un ratito sentada, decidí ir al servicio y así andar un poquito ¡que malísima idea!, todo me dolía y como sólo podía arrastrar los pies, tardé como 8 minutos solo en llegar. 
Me trajeron la comida y yo no quería comer nada, no tenía nada de hambre y encima esa comida que olía tan mal y era tan asquerosa ¡que pocas ganas! Las enfermeras no hacían más que decirme que tenía que comer algo ya que tenía que producir leche para mi bebé y llevaba sin nada en el cuerpo desde las 15.00 del día anterior. En fin que al final tuve que comer y yo miraba a mi madre con cara de “tráeme un bocata de jamón serrano ahora mismo”.
Después de aquel día que fue el peor, todo fue a mejor. Ya me podía levantar de la cama y andar, aunque me era totalmente imposible mantenerme erguida. 
El segundo día de ingreso se quedó conmigo mi madre y mi marido se marchó a dormir a casa. Lo reconozco, tenía una “Mamitis” que no podía con ella. Esa misma noche yo me encontraba fenomenal así que decidí salir a dar un paseo por la planta. Me di una vuelta cortita ya que me mareé un poco y decidí volver por si acaso me caía. Aproveché este día que me encontraba mejor para desenredar mi pelo (de verdad chicas, coleta o trenza sí o sí), estaba tan enredado que gasté un bote entero de esos que ayudan a quitar a los nudos y mi pelo se empapó.
El tercer día de ingreso ya me daban el alta y yo andaba sin problema y cada vez me ponía mas erguida. Eso sí, andaba muy despacito y sin levantar demasiado los pies. Este día fue en el que pude coger a mi hijo desde la cuna, me sentía con unas fuerzas tremendas y me encantaba poder coger a mi bebé sin que nadie tuviera que llevármelo a la cama.
Ya en casa, todo me costaba más que en el hospital. La cama del hospital tiene la ventaja que se puede levantar la zona de la cabeza, así que para levantarse era más cómoda. Mi cama eso como que no lo tiene, así que para levantarme me tiraban mucho los puntos y las grapas. Para ducharme, la ducha del hospital está en plano y la mía está algo elevado, con lo que me costaba un poco debido a las grapas. Con el sofá también lo pasaba un poco mal, ya que era más bajo que el del hospital y me costaba más levantarme.
Los días fueron pasando y mi recuperación iba viento en popa. La verdad que me molestaba cada vez menos, y había veces que ni me acordaba de los puntos y cuando Nicolás lloraba yo me levantaba deprisa y me pegaban unos tirones tremendos.
Después de una semana, me quitaron las 20 grapas que llevaba y la verdad que me sentí mucho más liberada. Ahora sólo me tiraban por dentro y yo me encontraba fenomenal. Desde hacía un par de días que podía caminar erguida de nuevo y ya no andaba arrastrando los pies como si de un zombi se tratase.
Bueno, sólo comentar que me recuperé más pronto de lo que esperaba, pero esa recuperación aún no es total ya que todavía siento pinchazos con los puntos de dentro y en ocasiones me duele. Creo que es normal, tan sólo han pasado dos meses desde el nacimiento de mi hijo. Mi ginecólogo me dijo que pasarían unos 6 meses aproximadamente hasta que dejase de sentir la zona de la cesárea acolchada.
Os voy a ser sincera, duele, pero que queréis que os diga, pasaría por lo mismo una y mil veces, porque la recompensa es infinita. No hay nada mejor que traer a un hijo al mundo.

Como dije anteriormente, cada mujer es única y su recuperación varía. La mía fue bastante rápida y por lo que me han contado otras mamás, ellas también se recuperaron bastante bien y rápido. Así que chicas, si os toca una cesárea, no tengáis miedo porque la recuperación no es tardía y pronto estaréis disfrutando de vuestros bebés.